miércoles, 11 de septiembre de 2013

APORTE SALESIANO AL PROYECTO EDUCATIVO CATÓLICO EN COLOMBIA (1886-1935)

 * Daniel Turriago Rojas[1]


·         El proceso colombiano desde finales del siglo XIX se enmarca en un modelo católico  debido al movimiento de la Regeneración orientado por el liberal independiente Rafael Nuñez y el conservador nacionalista Miguel Antonio Caro quienes con la constitución de 1886 organizan el Estado bajo un  centralismo político y confesionalismo estatal, que lleva a una  visión  teocrática del poder donde nuevamente se invoca el nombre de Dios como fuente suprema de toda autoridad.

·         Se considera la religión católica, apostólica y romana como la de la nación constituyéndose en elemento esencial del orden social. La educación pública será organizada y dirigida en concordancia con la religión católica, firmándose para ello el 31 de diciembre de 1887 un concordato entre la Santa Sede y el Gobierno Nacional que permitirá que las autoridades eclesiásticas entren a participar en la orientación de la sociedad por medio de la educación y la cuestión social. (Díaz, Jiménez, Turriago, 2006,  p. 42)

PROPUESTA EDUCATIVA SALESIANA

En este proceso de transformación de la sociedad colombiana en los albores del siglo XX  e implementación del proyecto católico, los salesianos comunidad creada en Turín en 1841 por Juan Bosco,  llegan a Colombia en 1890 por las gestiones del arzobispo de Bogotá Telésforo Paúl (1884-1889) y del presidente Rafael Núñez (1886-1992) dedicándose al cuidado de los niños desamparados por medio de los “oratorios festivos” que tenían como objetivo los días domingo y festivos instruir a los pobres en religión, juegos, deportes y artes teatrales.

Promueven las escuelas de artes y oficios que tienen como fin la educación profesional y moral de la  clase trabajadora  por medio de talleres de sastrería, zapatería, impresión, encuadernación, fotografía, carpintería  y mecánica.

En este proceso formativo los salesianos implementarán el método  pedagógico preventivo que tiene como objeto educar no con la  represión y  el castigo, sino el respeto por la personalidad, voluntad y libertad del educando: “la educación es siempre diálogo –de palabra o de acción, o de ambas cosas a la vez- entre dos personas: educador y educando. Su actuación es “encuentro cooperativo” de dos voluntades convergentes hacia el Ideal; mira siempre a fundir dos almas en el amor a ese ideal, y en su prosecución hasta alcanzarlo” (Fierro, 1952, p. 143). Preparando el espíritu de los alumnos con la persuasión y la comprensión que desarrolle una pedagogía del cariño que induzca a su propia autonomía.

El maestro, en la propuesta salesiana, mantiene la vigilancia “ que como padre cariñoso les habla, y les sirve de guía en todas las circunstancias, les da consejos y los corrige con amabilidad y de este modo pone a los niños en incapacidad de cometer faltas” (Guerrero, 1929, p.  858)

El educador debe ser modelo para los educandos teniendo las virtudes de la justicia, la equidad, la paciencia y la sencillez, porque para la pedagogía salesiana, “se necesitan educadores ricos en valores humanos, religiosos, efectivos, que sean modelos, testigos, comunicadores con su vida, sus palabras y sus obras, en un importante dispendio de energías ilimitadas, pero, al mismo tiempo, asedio benévolo y cautivador, al que es difícil que pueda sustraerse el alumno” (Braido, 2001,  p. 321).

La propuesta pedagógica preventiva salesiana  busca evitar la necesidad del castigo como medio de corrección buscando “dar á conocer á los alumnos las reglas y prescripciones del Instituto, y después vigilar cuidadosamente de manera que siempre y doquiera estén convenientemente  atendidos por los superiores, quienes como padres cariñosos les hablen, animen, estimulen y corrijan con amabilidad; poniendo de este modo á los alumnos en la imposibilidad de faltar” (Briata, 1910, p.  91)

La pedagogía salesiana presenta tres principios  para la acción pedagógica, la razón, la religión y el amor.


El modelo pedagógico salesiano considera lo lúdico como valor fundamental para el proceso educativo donde en atmósfera de alegría se desarrollan una serie de actividades. Se utiliza el teatro, la música y el canto para educar el corazón de los niños, solemnizar las fiestas religiosas y civiles dando a los educandos una honesta diversión (Briata, 1910: 82).



[1] Historiador. Especialista en Sistemas de Información y Gerencia de Documentos. Docente Universidad de la Salle.  Miembro del Grupo Pedagogía, Cultura y Formación Docente.  Correo electrónico: dturriago@unisalle.edu.co

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